Si quieres llegar a ser campeón, elige a tus padres

Esta es una de las típicas frases que se escucha en los ambientes deportivos, y que es el ejemplo del determinismo y de la resignacion más contumaz. Esta misma frase se podría emplear en el ámbito académico, si quieres llegar a ser algo en la vida, elige a tus padres.
Es un verdadero virus que ha infectado la mentes de miles de jóvenes en todo el mundo, que aceptan de manera callada e impotente, que por más que se esfuercen no lograrán ser mejores que lo que sus genes les permiten. ¡Qué craso error!

Nuestra fascinación por los genes y por lo que significan, nos ha llevado a pensar que en el reparto de dones y virtudes, a cada uno, como si de una  mano de cartas se tratara, nos han tocado unos naipes, y no nos queda otra que aprender a jugar la partida de la vida con ellos.

Como metáfora, no está mal, como medio de mantener las diferencias y promover la desesperanza, tampoco.

Yo no sirvo para el deporte, no tengo buen oido, no se me da bien la pintura, debes tratar de buscar lo que se te da bien y centrarte en ello, son frases que padres y alumnos han escuchado alguna vez, a las que habría que unir aquellas que profesores bien intencionados han pronunciados muchas veces, y que son del tipo “no todos sirven para todo”, “no da para más” o “tampoco los padres han sido lumbreras”.

Sería bueno que pensáramos en ello, y que tomáramos como referencia a aquellos que no fueron considerados, que tuvieron que puentear las malas expectativas y llegaron alto, los que superaron sus debilidades y acrecentaron sus fortalezas con pasión, determinación, esfuerzo y disciplina. El deporte, la música, y otras muchas actividades más, nos muestran estas transformaciones.

De eso tratará este Blog. En un tiempo de desesperanza, de impotencias y de valores poco sólidos, se hace necesario recordar a aquellos que confiaron en sus posibilidades, el mundo del deporte y la educación física sera principalmente nuestro vehículo principal pero no único, las artes, la literatura, las ciencias y el propio dia a dia nos ofrecen ejemplos notables de antifragilidad como expresa Nassim Taleb.

Luis M. Ruiz

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