¡No me gusta la clase de educación física!

Todos asumimos que el proceso de adquisición motriz es único para cada individuo pero que tendemos a unificar ciertos aspectos comunes, que nos permiten afirmar que determinadas circunstancias favorecerán dicho proceso. Las últimas décadas están repletas de indicaciones de como intervenir para favorecerlo.

 Nuestra primera premisa será afirmar que los escolares con problemas de coordinación necesitan que les prestemos más atención porque su proceso de aprendizaje suele ser más lento, y la paciencia debe ser la cualidad del profesor o profesora que desea apoyarles en su deseo de ser más competentes. Son muchos aspectos los que pueden ser tratados pero en este post nos centraremos en su deseo de aprender, que por lo general es inexistente. A nadie le gusta enfrentarse a tareas que están muy lejos de sus posibilidades, hacerlas en grupo, y soportar que los compañeros se rían cuando se falla. Por lo tanto, la motivación suele estar bajo mínimos y el reto para el profesor es desarrollarla y mantenerla.

Cuando se trata de estos escolares lo que encontramos es que en muy pocas ocasiones han recibido una enseñanza adecuada a sus posibilidades y a sus  necesidades. Siempre han estado adaptándose al ritmo de la clase, ritmo que les supera, lo cual ha provocado una disminución notable de su confianza en sus recursos.

Como conocemos por la investigación las necesidades de confianza y seguridad preceden al resto de necesidades psicológicas, de ahí que como profesores debamos ser sensibles a las necesidades de estos escolares, y hacerlo de forma positiva, ya que no es la primera vez que un escolar se ve poco competente en clase, y es probable que empiece a manifestar signos de indefensión. No es extraño que aprendan a ser incapaces.

Empecemos por hablar del esfuerzo  El esfuerzo es uno de los aspectos más valorado en educación física. Reconocer cuando una persona se esfuerza es imprescindible, pero estos esfuerzos deben tener un resultado que permita saborear mínimamente el éxito, sino corremos el peligro de que ese esfuerzo no sea asumido por el escolar como el camino para desarrollar su competencia. Esto nos lleva a considerar el diseño de las tareas, su dificultad y complejidad. Tampoco estaría mal pensar que estos niños necesitan ver que aquello que dominan lo pueden aplicar, ayudarles a transferir lo aprendido es una buen estrategia.

Como de lo que se trata es de elevar la competencia de estos escolares, un aspecto muy importante es que tengamos claras las expectativas que les manifestamos. Todos estamos especialmente dotados para percibir cuando alguien no confía en nosotros o cuando no se espera mucho de nuestro esfuerzo y empeño. Creer en las posibilidades de mejora de estos escolares es fundamental, hagamos que Pigmalión trabaje a su favor.

Es común que los escolares nos planteen para qué sirve aquello que les proponemos practicar, y es importante que en estos escolares que en muchos casos rozan la alienación en el gimnasio, perciban que las tareas que se les proponen son susceptibles de ser aprendidas y que son el camino para alcanzar un mayor nivel de competencia que le permita jugar en los recreos con sus compañeros o participar en los juegos de la clase de educación física.

Establecer una especie de pacto, de contrato por el que los escolares están dispuestos a desplegar su esfuerzo en el aprendizaje de tareas como botar el balón, lanzar con precisión o saltar a la comba por las posibilidades de relación que les ofrecen, de poder jugar con sus compañeros, puede ser una forma de darle significado a la práctica.

No seamos rígidos en nuestras metodologías. La flexibilidad metodológica es una cualidad de profesor comprometido con la mejora de sus alumnos. Existen momentos en los que los escolares deben ser dirigidos  de manera individual, otros en los que deben practicar en colaboración con otros compañeros en tareas conjuntas, y habrá tareas en las que es adecuado promover la búsqueda de nuevas soluciones a los problemas planteados.

El reto está en diseñar experiencias de aprendizaje que permitan que estos escolares funcionen en su zona óptima de aprendizaje (ZOA), lo cual reclama, entre otras cosas, ofrecerle las informaciones que les ayuden a conocer lo que van logrando. Hay muchas informaciones que ellos obtienen directamente, como cuando se tropiezan con el elástico al saltar o son cogidos los primeros en un juego de persecución. Gestionar la información suplementaria destacándoles lo que sí están consiguiendo, es fundamental, no nada más potente para alimentar la percepción de competencia que los propios logros.

Por último, indicaré una serie de consideraciones que permitirán que el clima de aprendizaje sea favorable con una atmósfera respirable para estos escolares con problemas de coordinación y baja competencia motriz:

  1. Aprendamos sus nombres.
  2. Seamos  entusiastas en las clases.
  3. Manifestemos una actitud cariñosa.
  4. Apoyemos para que acepten el reto de aprender, fortaleciendo estas conductas.
  5. Evitemos las percepciones o creencias de tono negativo hacia su competencia motriz.
  6. Promovamos el dominio y la maestría.
  7. No expresemos con palabras lo contrario de lo expresamos con nuestro cuerpo.
  8. Seamos unos buenos observadores y escuchantes de lo que sucede en clase.

El reto sigue estando ahí.

Vale

Luis M. Ruiz

http://www.wanceulen.com/catalogo/educaci%C3%B3n-especial/moverse-con-dificultad-en-la-escuela/9-41

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