A Propósito de PISA

No, no voy a hablar de la bella ciudad italiana de la torre inclinada, no. Esta semana dedicaré el post a comentar el reciente informe sobre el rendimiento de los escolares llamado PISA (Program for International Student Assessment).

Es un examen que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico realiza cada tres años a los escolares de 15 años, en un número cada vez mayor de países. Vamos que les examinan, como si de un test de inteligencia se tratara, en materias como la lectura o las matemáticas. Es decir, en las cosas serias, muy serias de la Educación…

Reconozco que cada vez que sale este informe, con su despliegue mediático para decirnos que tal o cual país está por encima o por debajo, que tal colectivo o comunidad es mejor o peor, con su ranking y sus profecías sobre lo mal que lo van a pasar aquellos que han tenido malos resultado, me saca de quicio. Siento que cada vez que sale el informe PISA, a las personas que amamos la Educación Física y el Deporte nos pisotea.

Por supuesto este informe PISA no contempla, ni por asomo, nada que tenga que ver con el cuerpo, las artes, o la música, NO, estas son materias no productivas, y para esta organización económica que los escolares de 15 años de los países occidentales estén padeciendo una epidemia de obesidad, con sus correspondientes efectos sobre la salud, pues no es de interés. El interés radica en que aunque estén gordos y su vitalidad física esté por los suelos, lo importante es que sepan matemáticas y lean bien, ya habrá algún medicamento, que tendrán que comprar, para paliar los efectos derivados del hipodinamismo y la obesidad. Tal vez debiéramos proclamar la necesidad de un informe PIMCA (Program for International Motor Competence Assessment). Ya sabéis, de ilusiones también se vive.

Recuerdo que siendo estudiante de bachillerato, hace mucho, mucho tiempo, nuestro profesor de matemáticas disfrutaba sacándonos a la pizarra para vernos fracasar en el intento de responder a sus preguntas ininteligibles. Recuerdo que mi último contacto oficial con las matemáticas lo tuve en el Curso de Orientación Universitaria, a pesar de estar estudiando letras y humanidades. Conjuntos y más conjuntos, vamos que me alegré de dejarlas en ese punto. Me gustaba más entrenar, las Catilinarias o conocer la historia de la humanidad, que pensar en si el conjunto A en relación al conjunto B, etc., etc. Sería interesante analizar cómo han cambiado las matemáticas a lo largo de las generaciones, hay chistes que corren por la red hablando de ello.

No estoy minusvalorando ni la lectura, imprescindible para la vida, ni las matemáticas, un bello lenguaje imprescindible para el avance científico, no, no las estoy infravalorando.

Lo que me enerva es este empeño en hacernos ver que las aptitudes humanas se resumen en dos: las lógico-matemáticas y las lingüísticas. Y todos caemos en esa trampa, padres, profesores, y también la prensa. Habría que empezar diciendo que nuestra capacidad intelectual no es única, sino múltiple. Si hemos otorgado un premio Príncipe de Asturias a la persona que desde los años 1980 ha defendido esta idea de Inteligencias Múltiples, entre las que destacaba la musical, corporal o interpersonal, me refiero al profesor de la Universidad de Harvard Howard Gardner, a qué viene seguir insistiendo en una concepción reduccionista de la misma, que se traduce en este tipo de exámenes e informes de corte cuantitativo.

¿Es que lo que Rafael Nadal muestra sobre la pista de Tenis o Pau Gasol en la cancha de Baloncesto no es inteligencia, y además una inteligencia que les ha reportado buenos beneficios económicos amén de que ha proporcionado momentos inolvidables a quienes aman el Tenis o el Baloncesto?. ¿Es que Sir Alec Ginness, Marcel Marceau o Rudolf Nureyev no mostraban inteligencia en sus gloriosas actuaciones?, ¿Es que lo que hace Antonio López, o hacía Velázquez o el Greco, no era expresión de su inteligencia?, ¿Es que es de naturaleza inferior la inteligencia que Vicente Ferrer o Teresa de Calcuta mostraron a lo largo de su vida?. Pues sí, estas personas son o eran muy inteligentes, aunque pudieran sacar malos resultados en el informe PISA.

Centrémonos en lo que a nosotros nos concierne. Sabemos que la preocupación por la mejora de la condición física y la competencia motriz no está dentro de las prioridades educativas, eso sí, quienes deciden sobre estas cuestiones, no dudan en ir todos los días al gimnasio o a su centro de fítness para mejorar su condición física y su competencia motriz, ya que esto para ellos es muy saludable. Vivimos estas paradojas, pero lo más irritante es que las evidencias científicas de que estas actitudes son erróneas y, a largo plazo perjudiciales para los adolescentes, son abrumadoras.

Es éste un caso donde los resultados de investigación con una clara vocación aplicada, ni se tienen en cuenta ni se aplican para la mejora educativa. No sé si se habrán realizado tantos estudios en el ámbito de las matemáticas como en el ámbito de la competencia motriz y condición física para lanzar el mensaje de que “no tener un estilo de vida físicamente activo en la infancia y adolescencia, traerá consecuencias en la adultez”. Consecuencias que la sociedad tendrá que pagar, y ya que estamos hablando de una organización para la cooperación económica, esto les debería interesar.

Cuándo les entrará en la cabeza a los responsables educativos y a los padres, que la Escuela, o el Instituto, son lugares donde deben tener cabida todos los talentos y potencialidades, todos ellos, no unos más que otros. Deben ser espacios donde los que disfrutan moviéndose, expresándose o creando tengan su lugar y sus vías de desarrollo.

Cuándo les entrará en la cabeza a los responsables educativos y a los padres, que la investigación ha mostrado, y sigue demostrando, que no existe una relación directa entre los resultados en las pruebas clásicas de inteligencia, exámenes como el SAT americano para entrar en la universidad o el empleado en el informe PISA, y el éxito personal en la vida.

Bastaría con analizar las vidas de aquellos que han alcanzado el éxito en sus diferentes ámbitos profesionales, sea empresarial, deportivo, artístico o musical, o mejor, las vidas de quienes consiguieron puntuaciones elevadas en estos exámenes, para analizar hasta que punto predicen el futuro. Algo que ya se ha realizado con resultados interesantes, vamos que predicen poco.

Dejemos clara una idea: En Educación Física y Deporte también hay inteligencia. Debemos convencernos que lo que hacen nuestros alumnos en las clases deportivas o en las sesiones de educación física, es desplegar su inteligencia, una inteligencia que algunos llaman corporal, otros motriz, otros práctica o contextual.

Es ésta una inteligencia que permite desenvolverse en contextos de diferente grado de complejidad, bien controlando el propio cuerpo en el dominio de una habilidad como saltar por encima de un elástico o dar un triple axel, o bien solucionando un problema táctico como desembarazarse de un perseguidor en un juego de correr y pillar, o anticipándose a las intenciones de un jugador oponente en un partido de balonmano.

Ahí radica la importancia de nuestro trabajo, elevar la competencia motriz de los escolares en el dominio de habilidades motrices específicas, y en la aplicación de sus recursos para la solución de problemas complejos.

Competencia que se les  reclama a un bombero, a un agente de la ley, a un soldado profesional, un piloto, un bailarín, un deportista, y a tantos otros profesionales que necesitan moverse con eficacia y eficiencia, y que deben poseer los recursos energéticos y el conocimiento necesarios para hacer bien su trabajo.

Me viene a la cabeza la historia del barquero y el matemático.

“Solicitó un profesor de matemáticas a un barquero que le cruzase de una orilla a la otra de un lago. Cuando iban por la mitad del recorrido, y para romper el silencio, el matemático preguntó al barquero si conocía las matemáticas, a lo que el barqueo le contestó que no. ¿Entonces no conoces la belleza de los números?, a lo que el barquero respondió que no.

Insistió el matemático en demostrarle que la vida no era plena sin un conocimiento de las matemáticas, ya que era un lenguaje universal imprescindible para todo ser humano, y nadie debía dejar de estudiarlas. El barquero abrumado, bajo la cabeza y siguió remando.

En esto que se levantó un fuerte viento que encrespó el agua y la barca volcó. El matemático trataba de mantenerse a flote luchando por su vida y pidiéndole ayuda al barquero, a lo que éste le preguntó: Entre tanto estudio de las matemáticas, ¿no tuvo usted tiempo de aprender a nadar?…

Es solo una historia pero interesante.

Termino con una frase del desaparecido Nelson Mandela:

“No puede haber una revelación más intensa del alma de una Sociedad, que la forma que trata a sus niños”.

Vale

Luis M. Ruiz

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