Nunca tanto y tan bueno, recibió tan escasa atención.

“Se promueve la practica “diaria” de deporte y ejercicio físico por parte de los alumnos durante la jornada escolar, al estar obligadas las Administraciones públicas a promover la actividad física y la dieta equilibrada en los centros de enseñanza” (El mundo.es;  Las claves de la ‘ley Wert’)

Hay una frase que se atribuye  a Lincoln que dice lo siguiente: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”.

Esto es lo que nos viene ocurriendo con todas las leyes de educación en las que, de una u otra manera, se hace mención a la educación física .

El zeitgeist que nos domina en la actualidad hace que las reivindicaciones relacionadas con la educación física, tienen que estar arropadas, en este caso, con las demandas de una mejora en la nutrición ante la pandemia de obesidad que vivimos. Claro está que  la clave radica en la expresión “jornada escolar”, ya que la bienintencionada propuesta ni por asomo hace referencia al horario curricular, ahí con dos horas a la semana es más que suficiente…

¡Que fantástico una escuela donde la fruta, la verdura y el pescado fluyesen en los comedores, donde desaparecieran los donuts azucarados y las palmeras de chocolate de tamaños imposibles, y en la que además todos los días los escolares practicasen una hora, o media, de actividad física de carácter moderado o vigoroso, vamos exigente.

Vaya, me he dejado llevar por la emoción.

Lo que ocurre es que el informe PISA ha dicho que los escolares españoles leen mal y comprenden peor lo que leen, y además no se manejan con las matemáticas, por lo tanto, ¡hay que tomar cartas en el asunto!. Más dedicación a las materias troncales y menos tonterías con las secundarias, vamos las antiguas marías. Así que al desván las inteligencias musicales, corporales, artísticas, etc., etc. No son productivas, y de lo que se trata es de elevar la productividad, y si caen enfermos en el futuro, ya habrá algún investigador que haya descubierto un fármaco que solucione el problema.

A lo largo de los años he tenido anécdotas de todo tipo. Recuerdo ahora una que me sucedió en los años 1990 visitando a un responsable educativo para solicitar su apoyo a la hora de llevar a cabo un estudio sobre la competencia motriz de los escolares. Habitualmente estas cuestiones les suena a Chamicuro, Ontoga o Liki, por lo que para quedar bien conmigo después de una amable charla, me indicó que él ya se había dado cuanta de que la educación física estaba mejorando en la escuela porque veía que su hijo volvía de ella con el “kimono” puesto. Como anécdota no tiene desperdicio, y no estoy muy convencido de que las cosas hayan cambiado mucho desde entonces.

Si en algo ha mejorado la educación física es en su tratamiento académico. Su inclusión como disciplina académica en la Universidad, con sus diferentes nombres hasta llegar al de Ciencias de la Actividad Física o Ciencias del Deporte, ha propiciado un inusitado interés por demostrar que la práctica habitual de ejercicio físico es, no solo conveniente, sino necesaria para las actuales generaciones de niños y jóvenes. El aumento de las investigaciones sobre la situación actual de nuestros escolares en materia de condición física, competencia motriz o competencia deportiva, es impresionante en este país llamado España.

No creo que el resto de las materias “troncales” que conforman el currículo de los escolares, se hayan tomado tanto interés y compromiso por demostrar lo beneficioso para la salud de los escolares el practicar más matemáticas o de conocer a los escritores de la generación del 98, o saber más historia, que si bien es muy recomendable, conveniente y necesario, no creo que su escasez tengan el potencial de generar enfermedades cardiovasculares en la madurez.

Lo que vienen clamando las autoridades científicas nacionales e internacionales, es eso, que la actual epidemia de sedentarismo y obesidad que afecta a los chicos y chicas en edad escolares, tendrá sus consecuencias en el futuro, pero claro,  el futuro está muy lejos.

Bien, acepto que la Disposición Adicional Cuarta de la nueva Ley de Educación incita a que las administraciones públicas presten más atención. Es una letra cuya música ya se conoce de antaño. La cuestión es cómo. Si la materia de educación física tiene el horario que tiene dentro del currículo académico, y si un estudiante de secundaria solo tiene un contacto semanal obligatorio con esta materia de 2 horas,  ¿cómo se pueden cambiar hábitos, mejorar los déficit  y facilitar el aprendizaje en esas condiciones?.

Pues no hay otra salida que la actividad extraescolar. Lo cual nos lleva a la siguiente pregunta, ¿quiénes se harán cargo de ella?. Estarán conmigo que la pregunta es buena, ¿no?. Y añado, ¿Serán obligatorias para todos los escolares?, ¿Todos se verán obligados a incluirse en una actividad extraescolar diaria que reclamen realizar ejercicio físico?. ¿Estarán los padres obligados a incluir a sus hijos en dichas actividades?.

¿Por qué se complica todo tanto?. El contexto escolar y su horario habitual debería dar cabida a esta iniciativa, como ya se viene llevando a cabo en algunos centros privados. ¿Por qué no se plantean seriamente qué es lo verdaderamente y vitalmente valioso para nuestro actuales niños de cara a su futuro?.

A veces pienso que está pasando lo que expresaba Ramón y Cajal, cuando decía que se propende a enjuiciar el hoy con el criterio del ayer, y sin duda se nos juzga con el criterio de ayer, oculto o endulzado, pero con un modo de pensar en el que prevalecen unas materias sobre otras, y en el que la educación física como la música o las artes, quedan relegadas en un segundo plano. Es una concepción trasnochada y perjudicial, ya que permite pasar por alto el único tramo de la vida en el que se puede asegurar que los escolares practicasen ejercicio físico moderado y vigoroso de manera organizada y rigurosa.

Decir que es un asunto español, no sería decir la verdad. Es un mal que aqueja a muchas sociedades occidentales, y ya no comentamos las que están en vías de desarrollo. El modelo productivo indica que hay materias que constituyen la base sobre las que se apoya todo lo demás, y entre ellas no está expresamente  hacer ejercicio, pasarlo bien en clase practicando un deporte o moviéndose al compás de la música. Esas actividades son compensatorias de las verdaderamente importantes…

Hace unas semanas Alvaro Pascuale Leone, Catedrático de Neurología de la  Facultad de Medicina de Harvard , vamos una autoridad mundial en el estudio del cerebro,  en un programa televisivo va y dice que el ejercicio físico es más importante para el cerebro que para los músculos, lo hace para referirse a las personas mayores en las que el proceso involutivo deja sus huellas.

La cuestión que esto suscita es que si es imprescindible cuando el cerebro se está empezado a deteriorar, ¿cómo no va a ser cuando se esta construyendo?. Practicar ejercicio físico para esa parte del organismo donde se supone que se llevan a cabo los complejos proceso matemáticos y lingüísticos no es una pérdida de tiempo, sino que puede favorecer el rendimiento intelectual y académico.

http://www.antena3.com/programas/el-hormiguero/momentos/ejercicio-fisico-mas-importante-cerebro-que-musculos_2013110500801.html

Vaya otra vez me he dejado llevar por la emoción, esto son cosas de científicos, !que sabrán ellos!.

Leo un artículo de F. Trudeau y R. Shephard del año 2008 titulado Physical Education, School Physical Activity, School Sports and Academic Performance publicado en la revista Nutrition Journal. En él sus autores defienden como la práctica de actividades físicas influye en la concentración, memoria y la conducta en clase, y como los datos de investigación muestran la existencia de relaciones positivas entre la práctica de actividades físicas y el rendimiento intelectual.

Pero lo más llamativo es que este mismo profesor Shephard ya lo venía defendiendo desde 1997 cuando en un artículo de revisión titulado “Actividad física curricular y Rendimiento Académico”, publicado en la revista Pediatric Exercise Science, indicaba que frente a los que se oponen a que exista un mayor número de horas dedicadas a la educación física en el currículo, con el argumento de que esto afectaría al rendimiento en otras materias más importantes, la investigación demostraba que lejos de afectarlas, las mejoraba. Es más, para este investigador la existencia de más horas de educación física al mejorar  la competencia motriz de los escolares, tenía un efecto favorable en el aprendizaje académico: “Children receiving additional physical education show an acceleration of  their psychomotor development, and this could provide a mechanism for accelerated learning of academic skills”.

Y como estos estudios decenas de ellos constituyen uno de los mayores esfuerzos investigadores por llamar la atención de los poderes políticos para que tomen cartas en el asunto. El resultado ya sabemos cuál es. Nunca  tanto y tan bueno recibió tan escasa atención. Vamos que el asunto no va de perjuicios en el rendimiento académico o de pérdida de tiempo, es una cuestión de territorio, una de las motivaciones más antiguas y enraizadas en el cerebro humano.  Ceder territorio es complejo, ganarlo todavía más, pero habrá que seguir insistiendo .

Volviendo a parafrasear la frase de Lincoln: “Pueden engañarnos a todos algún tiempo. Pueden engañar a algunos todo el tiempo. Pero no pueden engañarnos a todos, todo el tiempo”.

Vale

LMR

 

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