A Propósito de las Madres y el Deporte

La historia de Wilma Rudolph es ejemplar por muchos motivos. La fortuna no le agració al nacer. Nació prematura y fue la número 20 de 22 hermanos. Todos daban por hecho que, debido a una poliomelitis, no llegaría a andar correctamente, y menos a correr.

En los Juegos Olímpicos de Roma en 1960 ganó el oro en los 100 metros lisos, batió el record mundial en esa distancia en las semifinales, rompió el record mundial en 200 en las semifinales para después ganar el oro y formó parte del relevo 4 x 100m que batió e record del mundo y obtuvo la medalla de oro en esos juegos.

Fue la primera mujer americana en ganar tres oros en unos mismo juegos olímpicos. La apodaron el Tornado de Tennessee en Estados Unidos y la Gacela Negra en Italia.

¿Por qué cuento esta historia?.

Porque la historia de esta mujer es la historia de una superación pero es una historia de  superación apoyada por una madre convencida de que su hija podría ser capaz de todo si se empeñaba en ello.

Wilma Rudolph lo expresó de forma clara: “Mi médico me decía que no podría llegar a andar. Me madre me dijo que sí podría. Yo creí a mi madre”.

Viendo la entrega del Balón de Oro que recientemente se ha otorgado a Cristiano Ronaldo, y leyendo la prensa, observo la imagen de su madre, allí estaba junto a su hijo. Esto mismo lo podríamos decir de las madres de  Gary Kasparov, Greg Luganis, Rafa Nadal, Ronaldiño, Ronaldo, Gasol, Michale Phels, y de tantos otros.

Cuando estudiamos el deporte en los más jóvenes, es inevitable hablar de la familia y de su papel en dicha actividad. La investigación científica ha sido abundante a la hora de analizar su papel en el desarrollo deportivo, y la forma en que los ambientes familiares pueden influir en la práctica de actividades físicas y deportivas en la infancia y adolescencia han sido analizados de forma muy detenida.

Cuando se resalta qué papel juegan los miembros de estas familias en el proceso, la persona que mayor atención ha recibido ha sido la del padre, no sé si  porque esto expresa el tono de masculinidad del deporte, que probablemente sea una razón plausible, pero en muy pocas ocasiones las miradas del investigador se ha vuelto hacia la madre, y si lo ha hecho ha sido con un interés un tanto superficial.

Hace unos años, con una de mis estudiantes doctorales de por aquel entonces, la profesora Miriam Palomo, en la actualidad en la Universidad Palacky de Olomuc en la República Checa, nos propusimos paliar esta carencia, y estudiar el papel de las madres en el desarrollo deportivo, para lo cual entrevistamos a un grupo numeroso de madres y a sus hijos, todos ellos deportistas de alto nivel.  Probablemente por primera vez, las madres tenían su protagonismo y podían expresar sus pensamientos sobre las carreras deportivas de sus hijos e hijas, sus expectativas, sus temores y sus sacrificios, abiertamente.

El resultado fue sorprendente.

Para los deportistas, las madres no solo eran importantes por mantenerles  limpia la ropa deportiva o por alimentarles. Eran importantes por ser un faro que les ayudaba a mantener el rumbo en sus carreras deportivas.

Descubrimos lo ejemplar de su labor. Su disponibilidad era permanente, su atención plena para apoyarles en sus decisiones, y para acogerlos cuando las cosas no iban bien, cuando no salían los planes o cuando surgían las lesiones. Eran un apoyo emocional deseado y buscado.

Ya sé que es probable que existan madres de deportistas que no se porten así, pero son las excepción a una regla, la que muestra cómo se sacrifican para favorecer que sus hijos e hijas alcancen sus sueños.

Para ello no dudan en renunciar a sus propias necesidades en favor de las necesidades de sus hijos o hijas. Están prestas a solucionar los problemas que surjan, sufren por el futuro de sus hijos o hijas y sirven de parapeto a los momentos de falta de entendimiento entre sus hijos e hijas, con el padre.

Escuchan pacientemente, aconsejan sin egoísmos, están siempre ahí cuando se las necesita. Han estado relegadas a un segundo plano, pero su influencia ha ido mucho más allá de una presencia pasiva.

Lo que Michael Phelps deseaba después de ganar el oro en los juegos de Pekín era “abrazar a su madre”.  Lo que Manel Estiarte escribió en su libro Todos mis Hermanos, después de la derrota que el equipo de waterpolo español tuvo en la final olímpica fue: “Todo el escenario se concentraba en la presencia de mi madre. Mientras me acercaba a ellos por entre las vallas de protección, mi corazón empezó a volver en sí, a rellenar aquel vacío de cansancio y falta de sentimientos, empezó a latir, y a medida que me aproximaba latía más deprisa.  Le di dos besos a mi mujer, otro a mi padre y finalmente me eché en los brazos de mamá al tiempo que ella me decía: “lo habéis hecho muy bien, tienes que estar contento”. Era la frase que me había repetido a lo largo de la vida, tanto si había jugado bien como si no, ganara o perdiera. Para ella no había diferencias, final olímpica o no, yo era su hijo, su hijo pequeño y ella quería que me sintiera tranquilo.

Y eso es lo que acontece todos los días, las madres están ahí.  Las madres están ahí, y como la profesora Palomo ha demostrado, están ahí para dar su apoyo incondicional y para ser el soporte emocional de los niños y jóvenes que practican deporte. Tal vez sea hora de reconocérselo sin ambages, y reconocer que no todo es un camino de rosas, y que en ese proceso la madre tiene que hacer sacrificios y renuncias, es lo que la profesora Palomo denomina una inversión emocional negativa, pero que están dispuestas a llevar a cabo porque su objetivo final va más allá de los récord o de los triunfos, lo que desean fervientemente es que sus hijos e hijas sean felices.

Como dijera Kahil Gibran: “Madre, la palabra más bella pronunciada por el ser humano”.

Vale

LMR

http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3668399

Un comentario en “A Propósito de las Madres y el Deporte

  1. Emocionante. Sobre todo las palabras de Manel Estiarte.
    Gracias por compartirlas.

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