A Propósito de PISA

No, no voy a hablar de la bella ciudad italiana de la torre inclinada, no. Esta semana dedicaré el post a comentar el reciente informe sobre el rendimiento de los escolares llamado PISA (Program for International Student Assessment).

Es un examen que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico realiza cada tres años a los escolares de 15 años, en un número cada vez mayor de países. Vamos que les examinan, como si de un test de inteligencia se tratara, en materias como la lectura o las matemáticas. Es decir, en las cosas serias, muy serias de la Educación…

Reconozco que cada vez que sale este informe, con su despliegue mediático para decirnos que tal o cual país está por encima o por debajo, que tal colectivo o comunidad es mejor o peor, con su ranking y sus profecías sobre lo mal que lo van a pasar aquellos que han tenido malos resultado, me saca de quicio. Siento que cada vez que sale el informe PISA, a las personas que amamos la Educación Física y el Deporte nos pisotea.

Por supuesto este informe PISA no contempla, ni por asomo, nada que tenga que ver con el cuerpo, las artes, o la música, NO, estas son materias no productivas, y para esta organización económica que los escolares de 15 años de los países occidentales estén padeciendo una epidemia de obesidad, con sus correspondientes efectos sobre la salud, pues no es de interés. El interés radica en que aunque estén gordos y su vitalidad física esté por los suelos, lo importante es que sepan matemáticas y lean bien, ya habrá algún medicamento, que tendrán que comprar, para paliar los efectos derivados del hipodinamismo y la obesidad. Tal vez debiéramos proclamar la necesidad de un informe PIMCA (Program for International Motor Competence Assessment). Ya sabéis, de ilusiones también se vive.

Recuerdo que siendo estudiante de bachillerato, hace mucho, mucho tiempo, nuestro profesor de matemáticas disfrutaba sacándonos a la pizarra para vernos fracasar en el intento de responder a sus preguntas ininteligibles. Recuerdo que mi último contacto oficial con las matemáticas lo tuve en el Curso de Orientación Universitaria, a pesar de estar estudiando letras y humanidades. Conjuntos y más conjuntos, vamos que me alegré de dejarlas en ese punto. Me gustaba más entrenar, las Catilinarias o conocer la historia de la humanidad, que pensar en si el conjunto A en relación al conjunto B, etc., etc. Sería interesante analizar cómo han cambiado las matemáticas a lo largo de las generaciones, hay chistes que corren por la red hablando de ello.

No estoy minusvalorando ni la lectura, imprescindible para la vida, ni las matemáticas, un bello lenguaje imprescindible para el avance científico, no, no las estoy infravalorando.

Lo que me enerva es este empeño en hacernos ver que las aptitudes humanas se resumen en dos: las lógico-matemáticas y las lingüísticas. Y todos caemos en esa trampa, padres, profesores, y también la prensa. Habría que empezar diciendo que nuestra capacidad intelectual no es única, sino múltiple. Si hemos otorgado un premio Príncipe de Asturias a la persona que desde los años 1980 ha defendido esta idea de Inteligencias Múltiples, entre las que destacaba la musical, corporal o interpersonal, me refiero al profesor de la Universidad de Harvard Howard Gardner, a qué viene seguir insistiendo en una concepción reduccionista de la misma, que se traduce en este tipo de exámenes e informes de corte cuantitativo.

¿Es que lo que Rafael Nadal muestra sobre la pista de Tenis o Pau Gasol en la cancha de Baloncesto no es inteligencia, y además una inteligencia que les ha reportado buenos beneficios económicos amén de que ha proporcionado momentos inolvidables a quienes aman el Tenis o el Baloncesto?. ¿Es que Sir Alec Ginness, Marcel Marceau o Rudolf Nureyev no mostraban inteligencia en sus gloriosas actuaciones?, ¿Es que lo que hace Antonio López, o hacía Velázquez o el Greco, no era expresión de su inteligencia?, ¿Es que es de naturaleza inferior la inteligencia que Vicente Ferrer o Teresa de Calcuta mostraron a lo largo de su vida?. Pues sí, estas personas son o eran muy inteligentes, aunque pudieran sacar malos resultados en el informe PISA.

Centrémonos en lo que a nosotros nos concierne. Sabemos que la preocupación por la mejora de la condición física y la competencia motriz no está dentro de las prioridades educativas, eso sí, quienes deciden sobre estas cuestiones, no dudan en ir todos los días al gimnasio o a su centro de fítness para mejorar su condición física y su competencia motriz, ya que esto para ellos es muy saludable. Vivimos estas paradojas, pero lo más irritante es que las evidencias científicas de que estas actitudes son erróneas y, a largo plazo perjudiciales para los adolescentes, son abrumadoras.

Es éste un caso donde los resultados de investigación con una clara vocación aplicada, ni se tienen en cuenta ni se aplican para la mejora educativa. No sé si se habrán realizado tantos estudios en el ámbito de las matemáticas como en el ámbito de la competencia motriz y condición física para lanzar el mensaje de que “no tener un estilo de vida físicamente activo en la infancia y adolescencia, traerá consecuencias en la adultez”. Consecuencias que la sociedad tendrá que pagar, y ya que estamos hablando de una organización para la cooperación económica, esto les debería interesar.

Cuándo les entrará en la cabeza a los responsables educativos y a los padres, que la Escuela, o el Instituto, son lugares donde deben tener cabida todos los talentos y potencialidades, todos ellos, no unos más que otros. Deben ser espacios donde los que disfrutan moviéndose, expresándose o creando tengan su lugar y sus vías de desarrollo.

Cuándo les entrará en la cabeza a los responsables educativos y a los padres, que la investigación ha mostrado, y sigue demostrando, que no existe una relación directa entre los resultados en las pruebas clásicas de inteligencia, exámenes como el SAT americano para entrar en la universidad o el empleado en el informe PISA, y el éxito personal en la vida.

Bastaría con analizar las vidas de aquellos que han alcanzado el éxito en sus diferentes ámbitos profesionales, sea empresarial, deportivo, artístico o musical, o mejor, las vidas de quienes consiguieron puntuaciones elevadas en estos exámenes, para analizar hasta que punto predicen el futuro. Algo que ya se ha realizado con resultados interesantes, vamos que predicen poco.

Dejemos clara una idea: En Educación Física y Deporte también hay inteligencia. Debemos convencernos que lo que hacen nuestros alumnos en las clases deportivas o en las sesiones de educación física, es desplegar su inteligencia, una inteligencia que algunos llaman corporal, otros motriz, otros práctica o contextual.

Es ésta una inteligencia que permite desenvolverse en contextos de diferente grado de complejidad, bien controlando el propio cuerpo en el dominio de una habilidad como saltar por encima de un elástico o dar un triple axel, o bien solucionando un problema táctico como desembarazarse de un perseguidor en un juego de correr y pillar, o anticipándose a las intenciones de un jugador oponente en un partido de balonmano.

Ahí radica la importancia de nuestro trabajo, elevar la competencia motriz de los escolares en el dominio de habilidades motrices específicas, y en la aplicación de sus recursos para la solución de problemas complejos.

Competencia que se les  reclama a un bombero, a un agente de la ley, a un soldado profesional, un piloto, un bailarín, un deportista, y a tantos otros profesionales que necesitan moverse con eficacia y eficiencia, y que deben poseer los recursos energéticos y el conocimiento necesarios para hacer bien su trabajo.

Me viene a la cabeza la historia del barquero y el matemático.

“Solicitó un profesor de matemáticas a un barquero que le cruzase de una orilla a la otra de un lago. Cuando iban por la mitad del recorrido, y para romper el silencio, el matemático preguntó al barquero si conocía las matemáticas, a lo que el barqueo le contestó que no. ¿Entonces no conoces la belleza de los números?, a lo que el barquero respondió que no.

Insistió el matemático en demostrarle que la vida no era plena sin un conocimiento de las matemáticas, ya que era un lenguaje universal imprescindible para todo ser humano, y nadie debía dejar de estudiarlas. El barquero abrumado, bajo la cabeza y siguió remando.

En esto que se levantó un fuerte viento que encrespó el agua y la barca volcó. El matemático trataba de mantenerse a flote luchando por su vida y pidiéndole ayuda al barquero, a lo que éste le preguntó: Entre tanto estudio de las matemáticas, ¿no tuvo usted tiempo de aprender a nadar?…

Es solo una historia pero interesante.

Termino con una frase del desaparecido Nelson Mandela:

“No puede haber una revelación más intensa del alma de una Sociedad, que la forma que trata a sus niños”.

Vale

Luis M. Ruiz

Mente de León y Mente de Mono

Sí, ya lo sé, el título es un poco desconcertante. ¿Qué tendrá que ver el león y el mono en un blog sobre competencia motriz?.Trataré de explicarlo.

Durante este fin de semana he tenido la ocasión de mantener una conversación con una madre de un escolar cuya experiencia en una escuela de Baloncesto no ha sido la más satisfactoria, lo cual despertó en mi mente toda una serie de pensamientos que habían sido objeto de muchas de mis intervenciones en cursos y congreso, e incluso de algún artículo (http://redined.mecd.gob.es/xmlui/handle/11162/7179)

A lo largo de los anteriores post hemos ido presentado las dificultades de aquellos escolares, que  se acercan al deporte con una intensas ganas de formar parte de un grupo y divertirse, y terminan abandonándolo con una experiencia, en muchos casos, traumática.

Hay algo que los adultos responsables de tomar las decisiones  sobre quién debe o no estar al cargo de los grupos de niños no entienden. !Cualquiera no sirve!.

Existe la tendencia en el deporte escolar a favorecer que personas cuyo único bagaje es haber jugado a un determinado deporte, sean las responsables de enseñar y educar a los niños y niñas en una escuela o equipo deportivo. Es como si por el solo hecho de ser un buen lector de novelas del oeste o de los periódicos, ya se estuviese en condiciones de enseñar a leer,  o si por el hecho de regentar una panadería o una tienda de comestibles , y calcular las cantidades a cobrar o devolver mentalmente, ya se  posee el crédito suficiente para enseñar a calcular.

Pues NO, y eso es lo que pasa en el ámbito deportivo escolar.

El caso al que hago mención,  no es único sino bastante más abundante de lo que desearíamos. Es la experiencia de chicos o chicas que son presionados, cuando no acosados, por sus compañeros porque no se comportan como ellos desearían que se comportaran,  no juegan como ellos desearían y, por lo tanto, como su rendimiento no es bueno, hay que maltratarlos en el vestuario, en la cancha y en el propio colegio.

Los adjetivos que emplean para referirse a ellos son todo menos amables.  La presión sube de todo cuando ya se traslada a internet, lo cual le añade un nivel mayor de crueldad que muy pocos soportan. En estas circunstancias es cuando el fenómeno de la indefensión emerge, y cuando desean abandonar el deporte lo más rápido que puedan, y dejar atrás todas las humillaciones que han ido recibiendo en una actividad que, en teoría, es buena para todos y todas. Creo que este punto es interesante leer a Martin Seligman (http://www.casadellibro.com/libro-ninos-optimistas-como-crear-las-bases-para-una-existencia-feliz/9788499891835/1868298).

Hay que asumir que cuando se forma una escuela deportiva, no solo se forma un espacio de trabajo y de aprendizaje de habilidades deportivas, son entornos de relación donde el profesor se relaciona con sus pupilos, éstos con él, y de unos con otros. Promovemos la idea de que el deporte es fuerte de bondades y de valores, pero la realidad a veces es otra y debemos estar atentos a ella.

Y ahí es donde entra la Mente de León, el león siempre está atento a los movimientos de su manada y a todo lo que le rodea. Se concentra para poder intervenir cuando sea necesario. Un profesor de deportes  debe desarrollar  esa mente. Debe practicar una observación atenta de lo que sucede en su grupo de práctica, dentro y fuera de la pista, de la piscina o del tatami. Debe estar presto a cortar las actitudes y comportamientos indeseables, y a apoyar al indefenso para que no sea víctima de aquellos que lo presionan.

Primero son las personas y después es el deporte. Esta frase que se enuncia con gran facilidad, !qué difícil es llevar a cabo¡, sobre todo si el que presiona es el más hábil del grupo, es el que marca más goles o más canastas. El que gana más combates, y al que los demás hacen caso. Mirar para otro lado es abrir la puerta al abuso continuado.

Manifestar una Mente de Mono, es decir, una mente que salta constantemente de rama en rama, sin centrarse en lo que acontece delante de sus ojos, que solo está pendiente de lo superficial, es una muy mala estrategia pedagógica. ¿Qué respuesta podría dar a unos padres que vienen a quejarse de que unos chicos o chicas de esa escuela deportiva le hacen la vida imposible a su hijo o hija?, ¿ qué argumentos a su Director cuando éste le pregunte por lo que está pasando en su escuela deportiva o en su equipo?.

Las experiencias deportivas son un derecho de todos los escolares más allá de su nivel de competencia o de sus posibilidades de rendimiento. La consabida manía de los profesores a fijar su atención en los más competentes y dejar de lado a los menos capaces, y de profetizar lo que cada uno de sus escolares podrá llegar a ser o no en ese deporte, es un error de tamaño descomunal. Nada apoya esta capacidad, nadie debería ser aprendiz de profeta en la escuela.

La historia nos demuestra cómo si muchos padres hubieran hecho caso de las profecias poco favorables sobre sus hijos en el ámbito académico o deportivo, no hubiésemos disfrutado ni de los dibujos de Matt Groening, ni de las investigaciones de Robert Sternberg o del juego de Emilio Sánchez Vicario. Aquí no estaría mal escuchar a Sir Ken Robinson o leer alguno de sus escritos:

(http://www.amazon.es/dp/8425343402/ref=asc_df_842534340216128068?smid=A1AT7YVPFBWXBL&tag=kelko-21&linkCode=asn&creative=24634&creativeASIN=8425343402&ascsubtag=dc2-ecs-prod-proc-06.prod.dc2.kelkoo.net_es_nl_es_1385825945498_6254;

http://blog.ted.com/2013/05/05/a-new-playlist-from-sir-ken-robinson-the-most-watched-speaker-on-ted-com/

Ya va siendo hora de dejar de lanzar expectativas negativas a los alumnos que aparentemente no se mueven, comportan o actúan como los libros dicen que deberían hacerlo.

Ya va siendo hora de que pensemos en lo que podría llegar a ser si le enseñásemos adecuadamente y promoviésemos su deseo de aprender más allá de su nivel de pericia en es momento.

Ya va siendo hora de que seamos intolerantes con los que son intolerantes con sus compañeros de equipo o de clases. Las sesiones deportivas no pueden ser fuente de humillación para nadie, sino fuente de diversión, colaboración, compasión y apoyo mutuo, y si esto no es así, es mejor que no existan y se dedique el tiempo a otra cosa.

En nuestras manos está evitar que un alumno pueda decir “Odio el Deporte”, porque tuvimos una mente de mono, y no estuvimos atentos a su solicitud de ayuda

En nuestras manos está promover entre los escolares la necesidad de la ayuda y apoyo mutuo.

Desarrollemos una  Mente de León, mente centrada y concentrada en lo que es la labor de las escuelas deportivas, desarrollar buenos deportistas y mejores personas.

Disfrutemos de ver como los menos capaces mejoran y alcanzan un mayor nivel de competencia. Disfrutemos con ellos de sus logros y compartamos este hecho con los demás. Ofrezcamos a estos escolares oportunidades de ver que han sido capaces de superar sus limitaciones, no les hagamos unos perennes observadores y no les hagamos los habitantes perennes del banquillo de los reservas.

Relativicemos el éxito y el fracaso, filtremos la presión y el estrés que pueda generar la competitividad entre los escolares. El deporte debe ser una experiencia enriquecedora y divertida.

Busquemos oportunidades para educar la empatía y la compasión entre los alumnos, enriquezcamos su inteligencia emocional.

Aprovechemos la ocasión que nos da el deporte para ir más allá, y formar buenos ciudadanos, conscientes de que todos no son iguales y de la necesidad de aceptarse y ayudarse mutuamente.

¿Difícil?, seguro que sí, pero esa es la diferencia entre ser un profesor que está en su clase del que sólo pasa por ella.

Vale

Luis M. Ruiz

¡No me gusta la clase de educación física!

Todos asumimos que el proceso de adquisición motriz es único para cada individuo pero que tendemos a unificar ciertos aspectos comunes, que nos permiten afirmar que determinadas circunstancias favorecerán dicho proceso. Las últimas décadas están repletas de indicaciones de como intervenir para favorecerlo.

 Nuestra primera premisa será afirmar que los escolares con problemas de coordinación necesitan que les prestemos más atención porque su proceso de aprendizaje suele ser más lento, y la paciencia debe ser la cualidad del profesor o profesora que desea apoyarles en su deseo de ser más competentes. Son muchos aspectos los que pueden ser tratados pero en este post nos centraremos en su deseo de aprender, que por lo general es inexistente. A nadie le gusta enfrentarse a tareas que están muy lejos de sus posibilidades, hacerlas en grupo, y soportar que los compañeros se rían cuando se falla. Por lo tanto, la motivación suele estar bajo mínimos y el reto para el profesor es desarrollarla y mantenerla.

Cuando se trata de estos escolares lo que encontramos es que en muy pocas ocasiones han recibido una enseñanza adecuada a sus posibilidades y a sus  necesidades. Siempre han estado adaptándose al ritmo de la clase, ritmo que les supera, lo cual ha provocado una disminución notable de su confianza en sus recursos.

Como conocemos por la investigación las necesidades de confianza y seguridad preceden al resto de necesidades psicológicas, de ahí que como profesores debamos ser sensibles a las necesidades de estos escolares, y hacerlo de forma positiva, ya que no es la primera vez que un escolar se ve poco competente en clase, y es probable que empiece a manifestar signos de indefensión. No es extraño que aprendan a ser incapaces.

Empecemos por hablar del esfuerzo  El esfuerzo es uno de los aspectos más valorado en educación física. Reconocer cuando una persona se esfuerza es imprescindible, pero estos esfuerzos deben tener un resultado que permita saborear mínimamente el éxito, sino corremos el peligro de que ese esfuerzo no sea asumido por el escolar como el camino para desarrollar su competencia. Esto nos lleva a considerar el diseño de las tareas, su dificultad y complejidad. Tampoco estaría mal pensar que estos niños necesitan ver que aquello que dominan lo pueden aplicar, ayudarles a transferir lo aprendido es una buen estrategia.

Como de lo que se trata es de elevar la competencia de estos escolares, un aspecto muy importante es que tengamos claras las expectativas que les manifestamos. Todos estamos especialmente dotados para percibir cuando alguien no confía en nosotros o cuando no se espera mucho de nuestro esfuerzo y empeño. Creer en las posibilidades de mejora de estos escolares es fundamental, hagamos que Pigmalión trabaje a su favor.

Es común que los escolares nos planteen para qué sirve aquello que les proponemos practicar, y es importante que en estos escolares que en muchos casos rozan la alienación en el gimnasio, perciban que las tareas que se les proponen son susceptibles de ser aprendidas y que son el camino para alcanzar un mayor nivel de competencia que le permita jugar en los recreos con sus compañeros o participar en los juegos de la clase de educación física.

Establecer una especie de pacto, de contrato por el que los escolares están dispuestos a desplegar su esfuerzo en el aprendizaje de tareas como botar el balón, lanzar con precisión o saltar a la comba por las posibilidades de relación que les ofrecen, de poder jugar con sus compañeros, puede ser una forma de darle significado a la práctica.

No seamos rígidos en nuestras metodologías. La flexibilidad metodológica es una cualidad de profesor comprometido con la mejora de sus alumnos. Existen momentos en los que los escolares deben ser dirigidos  de manera individual, otros en los que deben practicar en colaboración con otros compañeros en tareas conjuntas, y habrá tareas en las que es adecuado promover la búsqueda de nuevas soluciones a los problemas planteados.

El reto está en diseñar experiencias de aprendizaje que permitan que estos escolares funcionen en su zona óptima de aprendizaje (ZOA), lo cual reclama, entre otras cosas, ofrecerle las informaciones que les ayuden a conocer lo que van logrando. Hay muchas informaciones que ellos obtienen directamente, como cuando se tropiezan con el elástico al saltar o son cogidos los primeros en un juego de persecución. Gestionar la información suplementaria destacándoles lo que sí están consiguiendo, es fundamental, no nada más potente para alimentar la percepción de competencia que los propios logros.

Por último, indicaré una serie de consideraciones que permitirán que el clima de aprendizaje sea favorable con una atmósfera respirable para estos escolares con problemas de coordinación y baja competencia motriz:

  1. Aprendamos sus nombres.
  2. Seamos  entusiastas en las clases.
  3. Manifestemos una actitud cariñosa.
  4. Apoyemos para que acepten el reto de aprender, fortaleciendo estas conductas.
  5. Evitemos las percepciones o creencias de tono negativo hacia su competencia motriz.
  6. Promovamos el dominio y la maestría.
  7. No expresemos con palabras lo contrario de lo expresamos con nuestro cuerpo.
  8. Seamos unos buenos observadores y escuchantes de lo que sucede en clase.

El reto sigue estando ahí.

Vale

Luis M. Ruiz

http://www.wanceulen.com/catalogo/educaci%C3%B3n-especial/moverse-con-dificultad-en-la-escuela/9-41

“Cuando se es elegido el último”

Es muy probable que todos recordemos cuando en la Escuela se organizaban los equipos o los grupos para jugar en los recreos y en las clases de Educación Física.

Los procedimientos eran diferentes pero al final siempre los capitanes elegían a los que formarían parte de sus equipos. Todos estábamos expectantes esperando que dirigieran su mirada hacia nosotros, nos señalasen con el dedo y dijeran nuestros nombres.

Seguro que también recordáis, bien porque lo sufristeis o bien porque visteis como otros lo sufrieron, la desesperación de quienes eran elegidos los últimos, o de quienes nadie los quería en sus equipos.

Los profesores resolvían la situación de forma salomónica diciendo, tú con el equipo tal y tú con el equipo cual, lo cual generaba murmullos de desaprobación entre aquellos a quienes les había tocado cargar con él, y ahí se acababa todo.

PUES NO, ahí no se acababa todo. Esas situaciones dejaban una huella emocional en quienes las vivían que en muchos casos les ha durado toda la vida, y recordarlo les produce la tristeza de pensar que ni sus profesores ni sus compañeros hicieron nada por ayudarles.

En la mayoría de los casos el no ser elegido tenía que ver con la falta de competencia motriz. No coordinar bien los movimientos para evitar ser golpeado con el balón, no ser capaz de atrapar una pelota que viene lanzada o no ser capaz de controlar el balón con los pies, es motivo suficiente para quedarse cuidando las carteras y los libros, mientras los demás juegan.

Responder a la pregunta del porqué de  la baja competencia motriz  no es tarea sencilla, salvo que ésta sea consecuencia de la inactividad, pero el caso que nos ocupa no tiene que ver con ese tipo de incompetencia.

Hablamos de los escolares que:

  • Chocan con todo, derraman los recipientes y se golpean con facilidad con los objetos.
  • Tienen dificultades para desenvolverse en el espacio y emplean su cuerpo con torpeza a la hora de correr y atrapar, rodar o trepar, o al aprender a manejar objetos y materiales como triciclos o bicicletas.
  • Suelen ir más retrasados que sus compañeros en las habilidades consideradas fundamentales como saltar, golpear, correr, lanzar, equilibrarse, necesarias para los juegos y deportes.
  • Son escolares con un cociente intelectual normal o superior y que no presentan una dificultad diagnosticada.
  • Aprenden las habilidades nuevas con gran lentitud y dificultad.
  • Pueden gustar de jugar y practicar con compañeros más jóvenes que ellos.
  • Tienen grandes dificultades en el manejo y control de móviles (balones o pelotas).
  •  Evitan todas aquellas actividades que le hacen sentirse y mostrarse poco competente, como por ejemplo trepar por la espaldera, o saltar desde una altura.

Si alguno de vuestros alumnos presenta un grupo de estas características, sería adecuado observarle detenidamente y comentarlo con sus padres, un examen del pediatra sería recomendable.

Es necesario recordar que el desarrollo no tiene porque solucionar estos problemas, y que lo que empezó siendo un problema de coordinación motriz pudiera terminar derivando en dificultades académicas, baja autoestima, disminución de su vitalidad física, sedentarismo y baja competencia social.

Estas circunstancias reclaman una atención especial por parte de los profesores y la colaboración de los padres para hacerles recuperar la esperanza de que es posible aprender y desarrollar su competencia motriz, pensemos en las formas que proponemos para que se formen los grupos de juego, y que cada vez que tomamos la decisión de repartir a aquellos que no son elegidos, no les estamos haciendo un favor.

En el próximo post sugeriremos algunos formas de actuación.

Vale

Luis Miguel Ruiz Pérez

Para saber mas:

http://www.apunts.org/apunts/ctl_servlet?_f=40&ident=13102156

 

No dejemos que crezcan siendo torpes

“Oscar es un niño de 10 años al que le gustan los ordenadores, no se le da mal las matemáticas y disfruta viendo las retransmisiones de motociclismo. Le gustaría que algún día sus padres le pudieran regalar una moto, pero para eso todavía hay que esperar, Hoy se ha levantado inquieto. A las 11 le toca la clase de Gimnasia, o mejor dicho de Educación Física, que es como le gusta que la llamen su profesora. Es en es día cuando deberá demostrar si es capaz de botar el balón en carrera de ida y vuelta entre unos conos o si podrá saltar entre unos aros colocados en el suelo sin pisarlos. 

Por su cabeza pasa la idea de ponerse malo, de decir que le duele la cabeza o de que algo le pasa a su tripa porque tiene naúseas. Ha soñado con estas dos actividades toda la noche, y en cada uno de sus sueños se ha visto cayéndose, pisando los aros o perdiendo el balón. En cada uno de los sueños ha visto con claridad las risas de sus compañeros y la cara de su profesora que a veces le dice que se mueve como una niña”.

Esta pequeña narración nos cuenta las peripecias de muchos escolares a los que no les gusta las clases de Educación Física, que no disfrutan saltando o corriendo y, que si en su mano estuviera, no pisarían el gimnasio nunca.

En el año 2005 publiqué un pequeño libro titulado Moverse con dificultad en la Escuela ( http://www.casadellibro.com/libro-moverse-con-dificultad-en-la-escuela-introduccion-a-los-problema-s-evolutivos-de-coordinacion-motriz-en-la-edad-escolar/9788498230260/1046029). Quería llamar la atención sobre esta realidad que existe en las escuelas y en los institutos, la de los escolares con baja competencia motriz, y que manifiestan problemas de coordinación motriz.

Son escolares  que se caen con más facilidad, les cuesta equilibrarse, correr y cambiar de dirección, tienen miedo si deben subir una espaldera, no son capaces de atrapar un balón o una pelota en movimiento y se sienten perdidos en los juegos colectivos. Para ellos, y ellas, las sesiones de educación física son momentos amargos, ya que no poseen los recursos necesarios para poder responder a las demandas de los programas o a los requerimientos de sus compañeros y profesores.

No estoy seguro de que estemos muy concienciados con esta realidad  a tenor del interés que suscita entre los pedagogos y los investigadores. Baste decir que es en  el año 2011 cuando por primera vez se ha adaptado al español uno de los instrumentos, test, de detección de estos problemas para las edades escolares hasta los 16 años. Nos referimos a la Batería de Evaluación del Movimiento Movement ABC-2 y que se puede encontrar en esta dirección (http://www.pearsonpsychcorp.es/Portals/0/DocProductos/13373209841.pdf).

Parece lógico pensar que si se trata de problemas de coordinación motriz  y de escolares que no poseen ninguna dificultad diagnosticada, los profesionales de la educación física deberían tener algo que decir o hacer.

No podemos dejar que crezcan y se desarrollen siendo torpes 

Vale

Luis M. Ruiz

Para concoer algo más sobre esta cuestión:

http://www.um.es/univefd/proco.pdf

http://www.revistaeducacion.mec.es/re335/re335_04.pdf

http://www.cafyd.com/REVISTA/art3n3a06.pdf

http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=274220374001

Libro:

Imagen

Autor: Luis Miguel Ruiz Pérez
Sevilla: Wanceulen

 

Si quieres llegar a ser campeón, elige a tus padres

Esta es una de las típicas frases que se escucha en los ambientes deportivos, y que es el ejemplo del determinismo y de la resignacion más contumaz. Esta misma frase se podría emplear en el ámbito académico, si quieres llegar a ser algo en la vida, elige a tus padres.
Es un verdadero virus que ha infectado la mentes de miles de jóvenes en todo el mundo, que aceptan de manera callada e impotente, que por más que se esfuercen no lograrán ser mejores que lo que sus genes les permiten. ¡Qué craso error!

Nuestra fascinación por los genes y por lo que significan, nos ha llevado a pensar que en el reparto de dones y virtudes, a cada uno, como si de una  mano de cartas se tratara, nos han tocado unos naipes, y no nos queda otra que aprender a jugar la partida de la vida con ellos.

Como metáfora, no está mal, como medio de mantener las diferencias y promover la desesperanza, tampoco.

Yo no sirvo para el deporte, no tengo buen oido, no se me da bien la pintura, debes tratar de buscar lo que se te da bien y centrarte en ello, son frases que padres y alumnos han escuchado alguna vez, a las que habría que unir aquellas que profesores bien intencionados han pronunciados muchas veces, y que son del tipo “no todos sirven para todo”, “no da para más” o “tampoco los padres han sido lumbreras”.

Sería bueno que pensáramos en ello, y que tomáramos como referencia a aquellos que no fueron considerados, que tuvieron que puentear las malas expectativas y llegaron alto, los que superaron sus debilidades y acrecentaron sus fortalezas con pasión, determinación, esfuerzo y disciplina. El deporte, la música, y otras muchas actividades más, nos muestran estas transformaciones.

De eso tratará este Blog. En un tiempo de desesperanza, de impotencias y de valores poco sólidos, se hace necesario recordar a aquellos que confiaron en sus posibilidades, el mundo del deporte y la educación física sera principalmente nuestro vehículo principal pero no único, las artes, la literatura, las ciencias y el propio dia a dia nos ofrecen ejemplos notables de antifragilidad como expresa Nassim Taleb.

Luis M. Ruiz